Nueva edición del Salón Nacional de Artes Visuales - CAAC



            Se aproxima una nueva edición del Salón Nacional de Artes Visuales. En esta oportunidad, el evento reviste una instancia remarcable: se trata de su edición centenaria, primer motivo de festejo, por lo cual saludamos muy particularmente a quienes en la actualidad, designados por la Secretaría de Cultura de la Nación, tienen el honor de llevar adelante la competencia artística de mayor jerarquía dentro el ámbito oficial. Ellos asumen y enfrentan la considerable responsabilidad de señalar y recompensar aquellas presentaciones que quedarán señaladas como lo mejor de la producción artística nacional del año.
            En el caso del Arte Cerámico -especialidad que ingresa a este Salón más tarde que las disciplinas artísticas tradicionalmente consideradas como tales- muchos miembros de nuestra institución han acompañado la instancia. Algunos en calidad de seleccionados; otros, mereciendo la más alta distinción: el Premio de Honor Presidente de la Nación Argentina.  Este galardón no sólo supone ser estimado como representante destacado del arte nacional: trae consigo una recompensa que suele licenciar ciertos apremios, favoreciendo la continuidad de la labor creativa en pos de nuevos alcances. También miembros del Centro han formado parte del Jurado democráticamente elegido por los participantes o, accediendo a los derechos que plantea el artículo 12º de su reglamento -y cumpliendo solicitudes que cada año los miembros de nuestra comunidad expresan- algunos asociados han participado del Salón Nacional en calidad de veedores.
            En virtud de todas estas participaciones y de la calidad de los últimos salones, y estimando esta edición centenaria del Salón como un momento adecuado para detenerse a observar su decurso, el Centro Argentino de Arte Cerámico quiere saludar muy especialmente sus logros más satisfactorios, en pos de su pervivencia en emisiones próximas.
            En principio, aplaudimos cada vez que el conjunto de las presentaciones seleccionadas permite valorar con justicia la riquísima diversidad del arte cerámico nacional. Sucede cada vez que no se estima el magnífico espacio con el que la exposición cuenta como una restricción espacial. El Paláis de Glace no sólo ofrece a la muestra un grato contexto: la pericia del montaje suele develar encuentros tan inesperados como ventajosos cuando favorece, en su cercanía, el diálogo entre apartados. Con idéntica probidad opera al develar al visitante los inciertos contornos disciplinares, estimulando la pregunta por el hacer y sus resultados hoy. Prosperidad que el Salón no ha podido concretar en ediciones cuyo alto porcentaje de rechazos ha terminado por denunciar una parcialidad electiva. Es indudable que a mayor cantidad de presentaciones, mayor será la multiplicidad y la diversidad que representen nuestro hacer. Especialmente venturoso es cada Salón que deja ver esa pluralidad en selecciones que expresan la amplitud geográfica de nuestro territorio, premiando de esa manera la voluntad de participar en este certamen desde los rincones más remotos y menos aventajados del país, desafiando obstáculos impensables para quienes lo hacen desde la cercanía o desde centros provinciales más aventajados.
            Esto lleva entonces a agradecer y felicitar a todos aquellos jurados que, previamente al acto de jura y en la clara comprensión de su carácter de tribunal colegiado, acuerdan con precisión los criterios a partir de los cuales efectuarán en primera instancia la selección y luego la premiación. Es notable cada Salón en que los individuos logran articular sus preceptos personales con los de sus colegas, dando forma a una verdadera percepción colectiva que no se limita a una única orientación estética, y un sólido pensamiento colaborativo en el que prima el allanarse al diálogo intersubjetivo. Corolario: un Salón cuyos variados componentes dan justa cuenta de nuestro hacer. Flaco favor a las artes hacen aquellas aproximaciones que, creyéndose rigurosas, dejan de lado todas aquellas expresiones que les resultan ajenas y escogen sólo lo que se les parece. Lo mismo puede decirse de aquellas otras que, peor aún, desestiman y desconocen el valor que puede haber en aquello que les es extraño, negándose a la diferencia, cerrándose a la diversidad.
            En ese sentido va nuestro reconocimiento para todos aquellos jurados que continúan sorprendiéndonos –y gratificándonos- cuando sus elecciones revelan una aproximación a nuestro hacer lo suficientemente extensa como para dejar ingresar al salón presentaciones que hacen estallar las expectativas más canónicas. Elecciones que traslucen puntos de vista atentos a las numerosas facetas de cada trabajo puede ofrecer: materiales, técnicas y tecnológicas, estéticas y artísticas, genéricas y estilísticas, iconográficas, sociales, políticas y más. Son estos jurados, solícitos a lo que las presentaciones mismas indican y requieren, los que enaltecen nuestro Salón: no recuestan su tarea ni sobre la autoridad con que los ha investido la elección de los participantes ni sobre el carácter inobjetable de su fallo; reconocen y respetan el reglamento, silencian los nombres que las obras develan para juzgar en condiciones de autoría anónima y comparable; en justicia de conjuntos que expresan el estado real del arte en la actualidad, premian la presentación por sobre la trayectoria. Jurados que solicitan ver las obras en condiciones de apreciación que aseguren una valoración ecuánime: demandan espacio, ensamblado, iluminación o cualquier otra cosa que la obra requiera, se detienen en el nombre que la pieza ha recibido de su autor, operan los dispositivos que convierten al espectador en partícipe, dedican el tiempo que cada presentación y el conjunto todo requieren para su justa calificación. En fin, evalúan a partir de realidades, no de ideales que, de incumplirse, dejan a los lugares más encumbrados del podio desiertos, a los artistas sin su merecido reconocimiento, y al patrimonio nacional que, en definitiva, es un bien de todos, sin acervo ni heredad.
            En gran parte depende de quienes participamos del Salón, y de nuestras elecciones, que una vez más sean felizmente estos jurados los que carguen con la tarea de aquilatar nuestro trabajo. Brindamos por que el Centenario del Salón Nacional de Artes Visuales cuente una vez más con ellos y alcance entonces un lugar sobresaliente en la historia de nuestro arte.
 
                                              Comisión Directiva
                                     Centro Argentino de Arte Cerámico


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